Viernes Santo 2022

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Hoy, Viernes Santo, la Cuaresma llega a su fin mientras conmemoramos la hora más oscura en la vida de Jesucristo, Su crucifixión.

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La Cuaresma nos recuerda a los 40 días que pasó Jesús en el desierto, sufriendo grandes privaciones, que el diablo intenta usar para separar a Jesús de Dios. Asimismo, la Cuaresma es un tiempo para que contemplemos lo que nos separa de Dios. En el cristianismo, usamos la palabra “pecado” para describir lo que nos separa de Dios. Sin embargo, como pasa con muchas palabras, la palabra pecado ha sido usada y abusada de tal manera que parece que perdemos la noción de cuál es el significado original de la palabra:

La palabra pecado procede del latín pecus, pecudis: animal que pace, y significa vivir rastreramente, como bestias, vivir frustrado en un nivel de existencia inferior al que le corresponde y tiene su semejanza en su significado con la palabra pecado en inglés, que es “Sin”. La palabra “sin” tiene su origen en el significado “perder la marca”. Me gusta esta explicación, porque perdemos la marca, cuando no damos lo mejor de nosotros, cuando no estamos a la altura de nuestro potencial y nos alejamos de hacer lo correcto por tentaciones, pereza o especialmente porque nos hemos distanciado de Dios.

Cuando no damos lo mejor de nosotros en lo que hacemos, suceden cosas malas, especialmente a los inocentes y a los niños y niñas. Jesús fue crucificado a pesar de ser inocente e incluso Poncio Pilato pronunció su inocencia. Los niños, niñas y las familias a las que NPH sirve están “crucificados” porque nosotros, como seres humanos y las sociedades que creamos, no estamos a la altura de lo mejor que podríamos ser y crear. Conocemos los resultados de eso: pobreza, violencia, guerra, vidas vividas en condiciones indignantes, personas que sufren y mueren de enfermedades simples que podrían curarse fácilmente, comportamientos dañinos que crearán profundas heridas emocionales que pueden durar toda la vida.

A lo largo de mi vida he visto las heridas visibles e invisibles de este tipo de crucifixión, cicatrices en los cuerpos de los niños y niñas, niñas y niños con problemas de aprendizaje porque la desnutrición impidió que sus cerebros se desarrollaran por completo, un adolescente que cae en la adicción a las drogas o al alcohol para adormecer el dolor emocional.

La buena noticia es que la historia no termina con la crucifixión sino con la resurrección. Ese es nuestro llamado en NPH, apoyar a los niños, niñas y a las familias para que se conviertan en lo que Dios quiso que fueran, mujeres y hombres con capacidades completamente desarrolladas para crear mejores familias, comunidades y sociedades.

Si bien he visto tantos ejemplos de este tipo de resurrección, hay un niño pequeño al que a menudo recuerdo. Una vez escuché un dicho que decía que el único sonido peor que el llanto de un bebé es el de un bebé que no llora en absoluto. Ese fue Carlos*. De dondequiera que viniera, a la tierna edad de ni siquiera un año, había aprendido, que por mucho que llorara no pasaría nada. Sin embargo, las heridas en su cuerpo, especialmente la dermatitis del pañal que tenía, que era la peor que he visto en mi vida, debería haberlo hecho gritar a todo pulmón. En los primeros meses de su estadía con nosotros, estuvo entrando y saliendo del hospital. El maravilloso personal de cuidado infantil que lo acompañó día y noche en el hospital, informó que les resultaba difícil incluso ir al baño, ya que Carlos mostraba una gran angustia cada vez que tenían que ir a algún lado. Sin embargo, con el tiempo, aprendió que no lo abandonaríamos. En compañía de su familia NPH, con sus nuevos hermanos y hermanas, vivió su propia resurrección convirtiéndose en un niño que ama y es amado. Carlos tiene ahora 10 años, es saludable, próspero, juega sonriendo y es lleno de una sabiduría mucho más allá de su edad.

Les deseo una bendita temporada de Pascua y que todos, a través de la celebración de la crucifixión y resurrección de Cristo, nos acerquemos más a Dios.

Sinceramente,

Reinhart Köhler
Presidente de NPHI